Desde aquí hemos expresado repetidamente nuestra indiferencia, desdén, desapego y poco aprecio por la rancia institución monárquica, totalmente desfasada e inútil en este siglo XXI. Y, lo que es peor, carísima. Eso no quiere decir que seamos antimonárquicos, sobre todo porque yo mismo soy Rey, de Kentucky concretamente. Si toleramos a Juan Carlos es por su simpatía algo bobona y ligeramente Forrest, y proque salió vestido de caqui por la tele el 23-F. Por ello le perdonamos sus lagunas mentales (lo del pino en la tripa) y sus bochornos internacionales, como su famoso “¿por qué no te callas?”. Otra cosa muy distinta son las nuevas generaciones, hijos, hijas, yernos y nueras, que no hacen más que parir como conejos (aunque se han parado en el “con ocho nietos basta”, ¿se habrán ligado las trompas?) y andar con el mentón bien alto para distinguirse de los plebeyos. Chulitos retadores como Felipe (vergonzoso cuando se encaró con una pobre chica republicana en plena calle), bordes como su hermana Elena y sus rabietas al estilo de niña con síndrome de Down (no estoy diciendo que ella lo sea, ojo), trapicheadores como su cuñado Urmangarín… Pero la que se lleva la palma es la Leti, la Princesa Cerilla, como la llaman en Europa. Ay, con lo maja que era cuando intervenía en algunos debates y coloquios de la Facultad de Periodismo (a mí me hizo una pregunta muy tonta pero que perdoné por la sonrisa dulcísima con que la adornó)… Ahora se ha convertido en una especie de Cruella de Vil anoréxica, con cara permanente de mala ostia y de lo más asquerosita. Tal vez sea por el suicidio de su hermana o por sus abortos ante la urgencia de tener un hijo varón, pero el caso es que no hay quien la aguante, por muchos lavados de imagen que le dé la prensa del movimiento. Su última mamarrachada ha sido cortar una calle en pleno Tirso de Molina para poder picotear un poquito de sopita de fideos, arroz y acelgas en un restaurante de moda: http://es.omg.yahoo.com/noticias/letizia-corta-calle-comer-142348833.html.
Vaya tela, doña. Luego, con ir embutida en rojo de Lorenzo Caprille, como en la cubierta del estupendo libro “Las dudas de Hamlet”, de Miguel Roig, todo arreglado. Recuerdo hace un par de años en un extraño acto al que me invitaron con mucha pompa y circunstancia ibérica, que pasaron los principitos cerca de mí en dirección a la tribuna de oradores. La cara de raspa malfollá de la Leti solo era superada por el gesto sumiso de su maridín, con una pinta de calzonazos inigualable. Y luego sus hijas, las herederas, que parecen las novias de Chucky de Primera Comunión. La que nos espera, gallinero. Y a partir del lunes, cuando la derechona y extrema derecha saquen mayoría absoluta, ni te cuenta. Eso es salir de Guatemala y caer en Guatapeor. Dan ganas hasta de pajearse con el Inteviú de Terelu, esas medias negras y esas tetorras apretadas contra las manos morcilleras. ¡La España cañí vuelve! Del gallinero a la caverna me veo…
